Articulos de Opinion

26 junio 2011

Falta el lavadero

ANDALUCIA

No encontraremos, volcada sobre una orilla o el borde de un lebrillo, a ninguna mujer de ayer que tuviera la mitad de estas lenguas

Iban a lavar la lana o las sábanas del ajuar, a las orillas del río, agua más corriente que ninguna, agua limpia en cada restregado, en cada enjuagado, en cada vez del exprimido. Arrodilladas y alineadas en la orilla, las mujeres del lugar se daban al comentario de cuanto del lugar sabían y podían decirlo, genuflexo diario hablado que también, como la ropa, recibía su lavado.

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22 mayo 2011

La nueva ilusión

ANDALUCIA

Nace hoy, junto a nuevas desilusiones, una nueva ilusión. Esa ilusión debe ser nuestra, y debemos apostar por ella, salga quien salga

Esta noche habrá de todo, como en botica, en los ánimos de los políticos y de los votantes. Ellos, quienes optan a una alcaldía, a formar parte de un gobierno municipal, sea en el cargo que sea, se juegan ganar más o menos —dinero— en los próximos cuatro años; tener más o menos poder, más o menos influencias, más o menos relieve. (more…)

8 mayo 2011

Libreas y zapatos

ANDALUCIA

El calor que me mata cuando ando me sabe menos duro cuando pienso en las libreas de los cocheros

Bajo el sol y sobre el coche, el cochero con librea se duele de que no sea cerca de la media noche. Pero serio y sin reproche, aunque el sol no da respiro, va el hombre llevando el tiro y aguantando la candela. ¿Calor a las cinco? ¡Tela! Bajo el mismo sol lo miro.

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20 marzo 2011

Luz de miel

ANDALUCIA

Llegabas tú, mujer, melera cuaresmal, como primer personaje de una pasión que iba de la hornilla al paladar

La luz —el azahar de Dios— se vino de pronto por las tapias, gateando, y se quedó en la rosa, terminando de pintar los detalles del divino esplendor de la flor, y con qué tino. Una luz que se vino tan callando que nadie adivinó cómo ni cuándo escribió la mañana en femenino. Se fue dorando luego, al mediodía, cuando en sus transparencias ya tenía los últimos milagros del pincel. Y se metió después —¿por qué rendijas?— entre cuadrados panes de torrijas. Y, espesa al derramarse, se hizo miel.
Porque venías por la calle en días como éstos; venías desde tu pueblo, humana abeja reina sin más alas que aquella blusa negra de aquel luto que envejecía contigo a cada paso. Venías con dos cacharros de hojalata que en el camino andado serían alados panales. Venías con tu luto y con tu pena para endulzar el pan de la cuaresma. Yo te recuerdo la voz siempre entre suspiros, como si el suspiro fuera el largo monosílabo con el que tu sangre pronunciaba la pena de nunca supe qué ausencia, si tu marido, si un hijo. Pero eras un dulce luto cuando abrías los cacharros y ofrecías lo mejor que habían libado las abejas. Y como regalo guardado en las faldriqueras de tu carga, algún trozo de panal y un bote de melaza. La casa toda era una víspera de peroles y lebrillos. El aceite esperaba en las damajuanas o en la tinaja vidriada, y de la panadería había llegado la voz de que ya estaban haciendo pan para torrijas, aquellas barras a las que llamaban teleras. Huevos frescos de las gallinas del corral, tenedores que esperaban en los platos hondos para batir la clara a punto de nieve, con la misma impaciencia con la que esperaban los bieldos en la orilla de la era la hora de la marea y de la parva. Llegabas tú como salida —renacida— de un dulce cuento de cuaresma. Venías cansada de la clivosa cuesta que te separaba del pueblo, que si duro era subir andando aquella cuesta, más duro, penoso, debía de ser subirla cargada con dos cántaras llenas de miel. Pero venías siempre hermosa de mercancía, deseada en las cocinas de este tiempo donde ya habían tenido su turno espárragos y tagarninas, y espinacas, y ese nunca exacto milagro del majado en el mortero —aceite caliente, pimiento molido, comino, ajos y pan fritos, una gota de vinagre— que tanto ha saboreado a la herencia cocinera de nuestra tierra. Llegabas tú, mujer, melera cuaresmal, como primer personaje de una pasión que iba de la hornilla al paladar. La luz ya lo había terminado casi todo. Faltabas tú, encerrada luz de miel, y le ponías al día ese toque de Dios tan necesario.

Noticia Original: Diario ABC de Andalucia POR ANTONIO GARCIA BARBEITO

13 febrero 2011

Tanto golfo suelto

ANDALUCIA

Si tuvieran que pasarse trabajando en la cárcel hasta devolver lo que se han llevado, ya habría menos ERE

Si es verdad, como parece, todo lo que cuentan de los ERE de Mercasevilla, y si quienes hacían el egipcio para llevarse hasta los filamentos de las bombillas eran gente que militaba en sindicato de izquierda o había ocupado sillón de izquierda en ayuntamiento, o cargo de confianza en otro sitio, o era familiar de alguno del asa del cántaro, si es así, no me sale más que una frase: «Dios mío…, qué cantidad de sinvergüenzas, de golfos, de mangantes, de aprovechados hay en la política o medrando cerca de ella». Si un cargo sindical es capaz de poner la mano y llevarse treinta millones de pesetas, y cogerle a la mujer la suya (la mano) para que la extienda y se lleve otro tanto, aquí no hay más golfos porque la máquina de hacerlos no echa la tarde. Y si en ese saco de corruptos hay ex alcaldes que se prestan a ese enjuague de agua sucia, cuánto sinvergüenza en el nombre del pueblo, Cangui, porque casi siempre se trata de unos golfos que te ponen de fascista por nada y suben a una tribuna y se ponen a hablar de los trabajadores que, vamos, parece que lo único que han hecho en su vida es trabajar veinte horas diarias, y a lo mejor son listos de los que se orientaron para no hacer nada y para llevarse, como te digo, hasta el barniz de las sillas.
Siempre una golfería, Cangui. ¿Te acuerdas del engaño aquel con lo del algodón, cuando unos sinvergüenzas se prestaban a pasar varias veces la carga por donde otros sinvergüenzas lo consentían, para robar por la jeta y seguir leyendo el periódico en el bar con carita de santo? ¿Te acuerdas? Aquellos sinvergüenzas —tú sabes sus nombres, como yo— no dejaron que el algodón fuera del todo blanco, porque sus manos lo mancharon. Pues con estos golfos de los ERE de Mercasevilla, lo mismo, Cangui. Unos de un lado y otros de otro, me da igual. El sinvergüenza y el golfo no son ni de derecha ni de izquierda, son de allí de donde encuentren sitio para poder ejercer de tales, sea entre sacas de algodón, entre ladrillos, entre papeles de un ayuntamiento o entre sardinas frescas. Cuánto golfo suelto, Dios mío. No podemos dejarlos solos, porque hay muchos que tiran al monte. Ni solos ni mucho tiempo en el cargo o en los alrededores. Aquí hay alcaldes —de izquierda y de derecha, conste, que no venga nadie presumiendo de virginidad— que han convertido el bastón de mando en vara de mago y han salido ricos. Pero aquí nos conformamos con hacerles un chiste. Si tuvieran que pasarse trabajando en la cárcel hasta devolver lo que se han llevado, ya habría menos ERE.

Noticia Original: Diario ABC Andalucía – POR Antonio García Barbeito

11 abril 2010

Abril hablador

ANDALUCIA

Todo es palabra por este abril derramado que ha venido rebosante de luz y de vida, como si en él se concentrara toda la primavera que aguardaba bajo las mantas de lluvia del invierno.

Y tú sabes que cuando te digo que todo es palabra, te estoy diciendo que todo es piar de pájaros a cualquier hora de luz, ese lenguaje que parece construido con puntos suspensivos, puntos sonoros, cantores, que se quedan grabados como invisibles notas en el papel de partitura del aire transparente. Tú sabes que cuando te digo que todo es palabra, te estoy diciendo que en las tapias están editando su verde historia anual los brazos de la parra virgen, esa pañolería brillante, planchada de luz, que viste el pudor de la cal desnuda. Tú sabes que cuando te digo que todo es palabra, te estoy diciendo que la glicinia es una novia vestida de ramos lila, esa cuasi morada catarata de olores que sólo se aprecian en cercanía, esos racimos malva que vendimian las abejas y las manos últimas de la luz del día. Tú sabes que cuando te digo que todo es palabra estoy diciéndote que aquí la luz no tiene nombre, de tantos como tiene, que si al alba se llama asombro echado en la vega, al mediodía es fragua y al atardecer, generosidad de oro.
Es la palabra de este abril hablador. Las palabras aquí no las pone el hombre, las pone abril y hay que saber entenderlas. ¿O no es lenguaje esa locura de olor de los naranjos, cansados de destetar flores de sus ramas, multiplicado enjambre de olores, cuasi miel ya, novia desnudándose en el patio, inmaculada perfección floral? Así habla abril por este sitio en el que tú callas para tratar de entenderlo todo, que tratas incluso de escuchar cómo andan las rosas ensayando el desperezo de su primer asomo, y ese lento sonido —lento lenguaje— de los frutos del huerto engordando en su tallo, camino de su madurez, y cómo ya el fresno que ayer apenas mirabas desnudo, hoy lo ves lleno de hojas, como si todo hubiese sucedido en una noche. No, nada sucede aquí en una noche, todo es un largo lenguaje, un sonoro lenguaje, tan sonoro como esa escritura de alas que escriben el celo del pájaro en el papel recortable del aire… Habla abril, está hablándonos, óyelo, escúchalo como una oración de vida, lenta, total oración de gracias. Y mira cómo habla abril en el verde echado de las tierras de raspa, y en el agua que parece quieta del río… Abril tiene algo de divino monólogo de Dios satisfecho…

POR ANTONIO GARCÍA BARBEITO Diario ABC de Sevilla

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